Desde Temuco nos llega este álbum de ocho canciones, cargado de riff chacales, teclados oportunos y letras colmadas de desesperanza vital. Entrando en materia, y tal como dice el chiste, el siguiente informe tiene dos noticias, una buena y otra mala. Vocalmente, el trabajo de ambos vocalistas, muy-en-el-estilo-Lacuna-Coil, es francamente incontestable, logran subir y bajar el pentagrama sin problema aparente. Por otra parte, hay un trabajo técnicamente muy pulcro en los riff de guitarra que alimentan cada canción como un caudal poderoso y controlado a la vez, el problema no es ese, el inconveniente es que la banda no ofrece nada nuevo, en rigor, si alguien me preguntase cuál sería una buena razón para escuchar el disco, no sabría qué decirle. El disco es corto, pero ya hacia la cuarta canción se hace denso y pesado (en el sentido negativo de la palabra), se extrañan quiebres más profundos que los que pueden dar la intensión de emular bandas de metal progresivo, al mismo tiempo, las letras devienen en lugares comunes que transitan a lo largo de todo el disco asociados a la muerte, la locura y la soledad; está bien, nadie cuerdo pediría letras que llamen al optimismo ni la alegría, pero cuan bien vendría decir lo mismo de distinta forma, frescura acá no hay ¿se acuerdan cuando escucharon Aenema de Tool por primera vez?, a eso me refiero. Evitar recordar a The Gathering a ratos es tarea titánica, y uno se pregunta la real intensión de la banda, ¿Es su deseo mostrar un producto nuevo? ¿Ampliar su universo sonoro?, ¿Transformante en un referente del metal nacional? O por el contrario, esperan cautivar a un público más bien conservador, que se contenta con escuchar nuevas y viejas versiones de bandas de metal de Europa del norte, dicho objetivo convengamos también se ha validado y gran parte de la escena metalera nacional hace uso (y abuso) de dicha ética con mayor y menor éxito. Ahora bien, si se trata de ser justos, los teclados, cadenciosos y latentes le hacen un gran favor al disco y es para quien escribe, el mayor logro de la banda, porque los teclados sí que suenan distintos, no suenan ni a Anathema, ni a The Gathering, ni a Deep Purple, no buscan protagonismo insulso ni la exhibición de virtuosismo sin alma, más bien se mantienen prudentes, añejados, y sorpresa! Logran recrear atmósferas llamativas, aunque sean solo algunos pasajes -diluidos entre tanta pretensión estética- del debut de estos sureños. Para concluir, pasan las escuchas y no puedo dejar de especular qué es lo que le falta a esta banda, ¿tiempo?, ¿talento?, ¿dejar de mirarse el ombligo?, al parecer una mezcla de las tres sería el acercamiento ideal a la respuesta, mientras tanto, sigo pensando en qué motivo tendría alguien para conformarse con una copia cuando puede disfrutar del original.