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Volver a lo mismo y sorprenderse con lo simple. Así de fácil. La jornada del último sábado de un abril glorioso y acogedor, cerró la cortina de Newka en lo que fue sus últimos siete días de rock y ruido en Talca. La verdad es que no me acuerdo cuándo fue la primera vez que fui a Newka, parece que me llevó el Sr. Fotosrock a tomar unos terremotos. Y claro, entre medio pasó harto, muchas bandas en tan poco tiempo, mucho agua bajo el puente y eso se agradece. Por cada diez tipos que nos dedicamos a hablar de las tocatas (ya sea de manera profesional o disparando mierda), es uno el que las organiza y en cierto modo el bar fue eso; un lugar donde gestionar el rock, un sitio. Por eso más que las personas, es la actitud la que queda presente, porque todas las cosas están entrelazadas, y en cierto modo, Newka aportó con humo de cigarro a nuestras chaquetas, y eso es bueno Aunque no fumo.

La noche aquella fue bastante fría, todo era parte de algo íntimo, como si el finado hubiera muerto hace poco. Nadie gritaba tan fuerte, la música no reventaba el lugar y el frío afuera se mostraba en su esplendor. En la puerta el Caco y Hugo las hacían de anfitriones como nunca antes fue, casi un gesto heroico, pagué mi entrada.

El cartel que se asomaba aseguraba rock, y otorgaba matices diversos a la hora de hablar de ejecución y fuerza, convirtiéndose en un abanico que comienza con los la fuerza de KAYROS quienes de a poco se ubican en la cancha, así pasamos a lo más técnico de ZIMA, Entre ambos dejamos a Supercabrón, una mezcla entre lo uno y lo otro, siendo perfecto el equilibrio. Así pasó la medianoche y aún nada, unos minutos después, tibiamente la banda penquista Kayros, presentados como Kyuss, lo que no deja de ser una referencia común. El show de aquella noche fue similar al juego de la banda de Josh Homme en cosas como “Welcome to the sky valley”. Una distorsión pegadiza y atronadora, la guitarra de Choclo que mantiene el pedal al límite, rock sicodélico en envoltorios metálicos, ásperos. En poco tiempo la banda ha tocado bastante y quizá la definición de sus influencias los ha llevado a conseguir un sonido común en forma casi apresurada. Falta evolución interna entre los músicos que saben lo que pueden tocar.

Luego fue el turno de ZIMA, el crédito local. Lo del trío viene a ser algo opuesto. Rock de carácter, de sentido, identidad en el sonido y sello en el interpretar. Canciones tocadas ya con una conexión entre los miembros que da un show seguro y destacado. Su guitarra, Carlos Puentes, es de los que se mantienen innovando con sus instrumentos algo que transforma sus canciones, por lo que su repertorio está siendo una especie de ‘maduración en vivo’, comparando lo que será en un tiempo más que cumpla un rodaje aceptable a la par con la acogida de su disco en la calle. Finalmente, es SUPERCABRON la banda que cierra la jornada. El trío de Concepción tocó unas cuatro veces en este bar, en distintas circunstancias y estaciones, lo que hace ver que éste fue el show otoñal por excelencia y obviedad. Un set apretado, conciso, de efectos inmediatos. Repasando lo que fue una señal desde la primera banda, los tres instrumentos sonaron de manera definida, dejando en claro que el fiato que se mostró en cada uno de los grupos guardaba relación con cómo sonaba afuera. La guitarra de Alex sonó simple y directa, aún no sé cómo tomará la voz para sus nuevas canciones, una necesidad que se hace imperiosa a la hora de plasmar un concepto en los nuevos oyentes. El bajo sonó a un volumen acertado, de envase a una sala compacta y cómoda, y atrás, los tarros más que potentes, más que ritmo, notando la diferencia que hablamos de rock and roll. En conjunto, el trío conjugó temas mucho más quebrados, junto a los últimos cartuchos de un aplaudido disco que llega a ser antiguo en relación a cómo suena hoy. Supercabrón se enfrenta al dilema del segundo disco; hacer el segundo o ceder un empate, pero falta el gol. Así bien entrada la noche, ya perdiendo un poco la compostura, el rock se derramó en una de sus últimas dosis en el newka bar, un sonido elocuente y un sentido evidente de cómo hacer música, evolucionar en tres presentes, tres bandas. Algo interesante y acogedor, como pocas veces pasa. Salud newka!

Texto/ Kaco San Cristobal
Fotografias/ Rodrigo Tapia H.


 

 

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